VIOLENCIA SIN FIN

Debo confesar algo. Esta es la tercera o cuarta vez que comienzo a escribir estás líneas. 
Es que aun no logro encontrar palabras que describan lo que siento en estos momentos. Venir hasta Mendoza no solo genera un gasto económico.
Venir a Mendoza para hacer algo que nos apasiona, muchas veces significa dejar de cumplir con obligaciones y de poner varios días de nuestra vida para compartir una foto, una nota o un comentario con quién no puede estar por una medida (ya no tan insólita) como la prohibición de público visitante.
Entonces la mezcla de tristeza, de bronca, de impotencia ganan lugar en nuestro cuerpo.
Lo más grave es que somos rehenes de los violentos. 
Cualquier medida que tomen los organismos de seguridad o la AFA, sean multas económicas, partidos a puertas cerradas, clausuras o quita de puntos, solo le da más poder a estos delincuentes con capacidad para suspender el partido que quieren cuando quieren. 
Les da moneda de cambio para que puedan exigir y presionar amenazando con perjudicar a un club.
Lo de ayer fue llamativo. 
Hablando con medios partidarios del local, nos enteramos que la interna en la barra de Independiente Rivadavia no es algo reciente. 
Y el espantoso y escaso operativo policial (dentro del estadio habia seguridad privada) permitió que gente con cuchillos ingresará a la tribuna y desparramara terror entre los presentes.
Resulta muy llamativa la poca previsibilidad y las falencias en un operativo para tan poca gente teniendo en cuenta que es la misma provincia que tantas veces recibió público neutral cuando Godoy Cruz se enfrentó con River o Boca.
El fútbol está muriendo y los encargados de curarlo, solo se dedican a estirar la agonía.